24 de septiembre de 2000

De todas las excursiones que hicimos estando en el colegio, hay dos que recuerdo vivamente: una fue a Televisión Española y la otra, al Convento de la Encarnación, en Ávila. Nuestro recorrido por los platós del “ente público” es tema para otro día –como suculento adelanto, puedo contar que intervinimos en el programa de Mª Teresa Campos–, pero hoy me viene a cuento otra Teresa, la santa castellana.
La guía que enseñaba el convento empezó la visita pisando fuerte, y ya en el zaguán nos explicó que allí mismo fue donde Santa Teresa se vio, con sus baúles, después de dejar su casa para hacerse monja carmelita, y que sintió como si se le quebraran todos los huesos del cuerpo.
Para mí, ahí empezó y ahí terminó toda la perorata turísitica. Ni las habitaciones, ni las reliquias, ni los utensilios de cocina de la época… Nada me impresionó más que ese dolor de desarraigo y de nueva vida. Nunca se me fue de la cabeza –o del corazón– y me volvió de manera especial cuando vine a vivir a Pamplona, hace hoy exactamente ocho años. Yo no abandonaba el mundo para entrar en una clausura, mis dolores eran muy distintos, pero en mi pequeña escala, sabía que la santa me entendería.
Mi padre no pudo traerme, así que lo primero que hice al llegar a la residencia, casi sin deshacer las maletas, fue llamarle. “Tú tranquila. Si ves que aquello no te gusta, te vuelves”. Ninguno de los dos estábamos para exigencias ni rigores.
Andando el tiempo, nunca le pregunté cuándo terminaba ese plazo de prueba y quizá por eso, a pesar de que han pasado ocho años después de aquella conversación, vuelvo a preguntármelo ¿Me gusta esto? “Esto” ya no es lo que me encontré esa tarde de domingo, sino los avatares desde entonces, y los que asoman. Mira a ver qué haces. Mi padre también me decía: “Estáte a lo que estás”.
Setiembre 24th, 2008 at 15:33
Ya sabes que a mí sí que me gusta (y mucho) Pampaluna… pero por la gente que encontré, sobre todo. No he olvidado ese mes de septiembre.
Setiembre 25th, 2008 at 11:59
Sabias palabras las de tu padre. Supongoq ue lo de menos son los aperos de cocina, el mobiliario de la época y todo lo demás, sino el siguiente minuto después de la llegada: la aventura de cada día. Y para eso, Pamplona es como una montaña rusa.
Espero que esos ocho años hayan sido fructíferos y provechosos y estoy seguro de que, puestas a comprenderte, más y mejor la de Ávila que la Campos.
Setiembre 26th, 2008 at 7:58
Pues el caso es que Pamplona no está tan mal… Además, visto lo visto, parece que te has adaptado al medio ambiente (incluso a los sitios chungos, ja, ja, ja…).
Setiembre 26th, 2008 at 21:24
Rocío: yo tampoco me olvido! como te dije el otro día, estoy releyendo tu Magia, en septiembre, poesía.
Pianista: ¡qué te voy a contar de Pamplona que tú no sepas! Ya están las casetas de la feria del libro. No puedo prometer foto, pero pensaré algo.
Néstor: efectivamente, estoy adaptadísima. Ya se sabe; o te aclimatas o te aclimueres!!
Gracias a los tres.
Octubre 4th, 2008 at 20:57
Y yo que mas bien pienso en la Santa de tu madre hace 8 años…
Será la manida empatía. Con tu madre, digo.
Octubre 4th, 2008 at 21:00
Oye, mona, tú vacaciones de las antiguas, no?
Octubre 8th, 2008 at 0:10
Antiguas no, antiquísimas, que las tuve en julio! Gracias por la visita.
Octubre 11th, 2008 at 18:56
Estate a lo que estás…¡quien pudiera, Debo!