Severino y María

Eran un matrimonio mayor, ella estaba enferma, y él la cuidaba. Dedicaba su vida a prepararle la comida, a bañarla, a arreglar la casa… Por las tardes salían al poyo de la calle y allí se quedaban, sentados, juntos. Todas las noches él extendía sobre la mesa de la cocina la colección de pastillas que tenía que tomar María y las iba ordenando según le había explicado el médico, por colores; media de las blancas, dos de las amarillas…
Llegó un momento en que las medicinas no bastaron, María empeoró y Severino pasó días y noches en el hospital, a su lado, a pesar de lo que le decían sus hijos. “Ellos no lo entienden, pero ¿dónde voy a ir yo, si ella está aquí?”. Cuando María murió, Severino iba al cementerio, para seguir hablando con ella. Y en ese cementerio, que es como de juguete porque es pequeño y porque no da miedo ni pena, pasaba el tiempo contándole las cosas igual que cuando estaban sentados en la calle, cerca de su casa.
Julio 2nd, 2008 at 8:25
Cuentan que en una ocasión preguntaron a Marcel qué era para él el amor. Contestó, que era poder decir a otra persona “quisiera que no te murieras nunca”. Muy buena entrada, Sonso, muy buena (muy bien escrita y mejor titulada…).
Julio 2nd, 2008 at 8:52
“(…) no da miedo ni pena”. Qué hallazgo. Tan preciso como original. Bravo.
Y creo que la relación de Severino con sus hijos merece otra entrada, por ese inquietante “a pesar de lo que le decían sus hijos”.
Julio 3rd, 2008 at 23:18
Quisiera ser María.
Julio 3rd, 2008 at 23:19
Quisiera ser “María”.
Julio 13th, 2008 at 16:54
qué chulo condensar una historia en un párrafo, tienes algo, tienes don.
Julio 14th, 2008 at 13:16
No sabía lo que cuentas, Néstor, pero sí, tiene que ser algo así, querer que alguien no se muera nunca, y, si se muere, seguir hablándole como cuando vivía.
Pacotto, tengo pendiente tu relato de verano, ya lo tengo pensado… Supongo que los hijos no se lo decían en mal plan, sino lo típico; que durmiera en casa, que descansara algo…
A tiza: yo también!!
Gracias, Roci-Kiss, sí… Don Algodón!!
Julio 16th, 2008 at 20:34
Qué historia mas bonita. Yo pienso que los matrimonios mayores debían de morirse juntos. Llevan tanto tiempo uno al lado del otro que ya no saben vivir solos, y la pena que tienen es tremenda.
Julio 20th, 2008 at 21:38
Hola, Esther, me alegro de que te haya gustado. Es verdad, tiene que ser muy raro, verse solo después de tanto tiempo, y esperar. Hay que quererlos.
Julio 26th, 2008 at 7:55
Oye, qué bien usada la palabra poyo. Yo soy más de poyete, para lo de las ventanas bajas y así, pero nadie me entiende. He pensado en las noticas sobre falsas o confundidas piedades que salen de vez en cuando sobre ancianitos que les dan matarile a las parientas malitas y que se echan por el viaducto después. O sobre el ministro que decide qué es morirse bien o mal. Tu historia si que es buena.
Agosto 4th, 2008 at 22:40
Pianista!!! Qué honor. Perdona que no te haya contestado antes, no soy especialmente rápida en esto, pero es que además he estado de vacaciones. “Falsas y confundidas piedades”… da miedo solo pensarlo.