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Gustos y disgustos

Domingo, Mayo 11th, 2008

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Aquí van. Creo que hay unas normas; tienen que ser ¿cinco? cosas en cada lista, y dejarle el encargo a otras ¿cinco? personas, pero yo soy una bloguera irresponsable, así que pongo siete gustos y seis disgustos, y no paso el encargo a nadie. Bueno, sí, a todos; a todos los que lo lean y les apetezca seguirlo.

GUSTOS:
El campo: en invierno y en verano, el monte y el llano, el secano y el regadío, el pinar y el erial. Siempre.

Los perros: pequeños o grandes, con pedigrí o mil leches, de pelo corto o largo. Todos.

Las meriendas: galletas, tostadas, bollitos, chocolate (en tableta o con churros), nocilla, mantequilla con mermelada, tortitas, té, café, tartas, pasteles, las pastas… Soy galga sin remedio.

La playa: del sur o del norte (aunque en el Cantábrico haya que tomar el sol al revés), con olas o en calma, extensas o recogidas, con arena blanca, amarilla o gris. Me encanta.

Que me cuenten cosas: cara a cara o por teléfono, en un libro, por carta, en un periódico, en una película, o por mail. Estar al día.

Las casas: pequeñas, grandes, en el campo o en la ciudad. Suelo soñar con casas; antiguas, modernas, con jardín o con patio. Siempre, eso sí, limpias y luminosas.

El amanecer: con frío o templado. Mejor después de trasnochar que de madrugar.

DISGUSTOS

Las enfermedades: propias o ajenas. Cualquiera. Si, además, implican ir al médico, mal. Fatal.

La velocidad: desconfío de todo lo que va más rápido del paso humano; coches, aviones, el AVE, la montaña rusa… Para otros.

El deporte: desde que dejé el colegio (donde se me daba bastante bien) no he vuelto a correr ni para cruzar un semáforo. Es malo.

Los números: los pesos, las medidas, las fechas, las contraseñas… Se salvan los números de teléfono, que siempre llevan un nombre pegado.

Los numeritos: perder los papeles, fingir, gritar, los “impulsos” de destacar, de hacerse notar… Es que soy de letras.

La oscuridad: imposible dormir completamente a oscuras. Si en mitad de la noche me despierto y no veo nada de lo que tengo alrededor, ni sé dónde tengo los pies y dónde la cabeza, ¿cómo sé que no me he muerto?

La foto es de la pesquera de Villanueva de Duero. Mi “campo”.